EL LIBRO QUE QUIERO LEER
ULTIMOS DÍAS EN BERLÍN, Paloma Sánchez Garnica, 2021
En el siglo XX se produjeron hechos que transformaron Europa y el mundo. Los más importantes fueron: La Revolución Bolchevique en Rusia, La Primera y Segunda Guerras Mundiales y La Guerra Civil Española.
Millones de personas sufrieron en carne propia estos trágicos acontecimientos y sus vidas, con seguridad, fueron marcadas por el dolor, el hambre, la violencia, la injusticia, la muerte. Es el caso de los personajes de la novela que nos ocupa. Si bien el título no es abarcador, proporciona al lector una esperanza de que en esos “Últimos días en Berlín” se termine la tragedia de los protagonistas.
Siguiendo el orden cronológico, un narrador en tercera persona, relata la vida de Yuri Santacruz, hijo de madre rusa y padre español. Nos habla de su infancia de lujo y opulencia en la antigua San Petersburgo, antes del triunfo de la Revolución. Nos dice cómo la eliminación de la propiedad privada los obligó a compartir su enorme casa con extraños. Y de qué manera, sin recursos, se vieron obligados a buscar el sustento diario y soportar las injustas consecuencias que acarreaba el más mínimo de los actos.
La salida de la familia Santacruz ocurre en medio de la represión brutal impuesta por el régimen. La madre de Yuri y su hermano Kolia, permanecen contra su voluntad en Rusia, mientras el resto intenta rehacer su vida en otras latitudes.
En Berlín tampoco iba a pasarlo mejor. La violencia de la guerra se respira desde las primeras descripciones. La confrontación entre la población adoctrinada por la propaganda nazi y los pocos que se atrevían a oponer alguna resistencia, se vuelve cotidiana. Los abusos y las matanzas contra la población judía eran sistemáticos y no importaba lo injusta que fuera una decisión, todos debían doblegarse y acatarla.
En este escenario caótico, surge el amor prohibido entre Yuri y Claudia Kahler, una alemana casada con un alto miembro de las SS. Los dos van a conocer la pasión y van a arriesgar sus vidas por mantenerse juntos. Yuri, de alguna manera, busca refugio en Krista, joven médica que comulga con las ideas de la oposición al nazismo y con quien encuentra el amor sereno y la comunión de ideas.
Sin embargo, él ha vivido obsesionado con encontrar a su madre y su hermano, abandonados a su suerte en Rusia. Contra toda advertencia, encuentra la manera de viajar a Moscú y contactarse con Kolia, que había ascendido en la jerarquía del Partido. Descubre el paradero de su madre y puede acompañarla en su agonía. Luego es desterrado a Siberia, el infierno blanco. Gracias a la intervención de un alto funcionario, al que había rescatado de la muerte en Berlín, logra salir del lugar y del país, después de enterarse del asesinato de su hermano, en manos de sus antiguos camaradas.
Su regreso a Berlín le muestra un escenario apocalíptico. Alemania ha perdido la guerra y los habitantes sobreviven de manera infrahumana. A la falta de alimentos y abrigo se une el temor por la llegada del ejército ruso, uno de los triunfadores de la contienda y del que corren noticias estremecedoras. Claudia y sus hijos forman parte de esos sobrevivientes. Yuri los encuentra en condiciones deplorables y opta por mover sus influencias para exiliarse con ellos en Suiza y comenzar de nuevo, con los pedazos que les ha dejado la guerra.
Al centrar su propuesta literaria, especialmente en esos dos episodios históricos, los escenarios y los personajes son descritos con lujo de detalles. Los diálogos, a su vez, le dan ligereza y hacen amena la extensa narración.
Aunque el tema central de la historia ha sido presentado en infinidad de documentos escritos y audiovisuales, la novela de la escritora española, compara las dos contiendas y el lector llega a la conclusión de que, en una guerra no hay ni vencedores ni vencidos, sino pueblos obligados a someterse a la estupidez de sus caudillos.
|
|